miércoles, 5 de mayo de 2010

en la esquina







El adolescente que hace malabarismos en la esquina se acerca al auto, se agacha y nos mira a través del vidrio polarizado. Ricardo manotea de la guantera una bolsita de plástico blanco, las manos buscan algo, tiemblan, tardan. El chico espera largos minutos, se está perdiendo la oportunidad de pedir en otros autos. Finalmente, Ricardo saca una barra de cereales, abre la ventanilla, una línea por la que sale, a duras penas, su dádiva. Se la da al chico sin mirarlo, sin tocarle la mano. Es a mí a quien mira.
El gesto es un esfuerzo transparente por congraciarse conmigo y yo preferiría que fuese abiertamente facho para poder odiarlo alegremente. -Barras de cereales -dice. Le sonrío. Siento el corazón apretado. Por el chico en la calle, por Ricardo que trata de enamorarme así, por los abismos que nos separan y por esa conciencia que no puedo terminar de apresar, una mariposa blanca que abre y cierra las alas y dice que, mientras me alejo en dirección al restaurante, también me quedo en la esquina, bajo la llovizna, dándole el primer mordisco a la barra de cereal que me dio el hombre del cochazo azul, el que iba con la rubia, el que no me miró.


Inés Garland




martes, 4 de mayo de 2010

La de siempre toda





Poema de Paul Éluard


LA DE SIEMPRE, TODA

Si yo les digo: "he abandonado todo"
Es porque ella no es la de mi cuerpo,
Nunca hice de esto una jactancia,
No es verdad,
Y la bruma de fondo en que me muevo
No sabe nunca si he pasado.

El abanico de su boca, el reflejo de sus ojos,
Sólo yo los menciono,
Sólo yo estoy rodeado
Por ese espejo tan nulo donde el aire circula a través mío
Y el aire tiene un rostro, un rostro amado,
Un rostro enamorado, el tuyo.
A ti que no tienes nombre y los demás te ignoran,
El mar te dice: sobre mí, y el cielo: sobre mí;
Los astros te adivinan, las nubes te imaginan
Y la sangre derramada en los mejores momentos,
La sangre de la generosidad,
Te lleva con delicia.

Canto la gran alegría de cantarte,
La gran alegría de tenerte o no tenerte,
El candor en que te espero, la inocencia en que te conozco,
Oh tú que suprimes el olvido, la ignorancia y la esperanza,
Que suprimes la ausencia y me echas al mundo,
Canto para cantar, te amo para cantar
El misterio en que el amor me crea y se libera.

Eres pura, más pura todavía que yo.


domingo, 2 de mayo de 2010

Poético y prosaico







Ser humano: poético y prosaico, por Leonardo Boff


Uno de los más inspirados poetas alemanes, Friedrich Höderlin (1770-1843), dijo lo siguiente: «El ser humano habita poéticamente la Tierra». Este pensamiento lo completó luego un pensador francés, Edgar Morin: «El ser humano habita también prosaicamente la Tierra». Poesía y prosa además de ser géneros literarios, expresan dos modos existenciales de ser.

La poesía supone la creación que hace que la persona se sienta tomada por una fuerza mayor que le trae conexiones inusitadas, iluminaciones nuevas, rumbos nuevos. Bajo la fuerza de la creación la persona canta, sale de la rutina y asume caminos diferentes. Surge entonces el chamán que se esconde en cada persona, esa disposición que nos hace sintonizar con las energías del universo, que capta el pulsar del corazón del otro, de la naturaleza y de Dios mismo. Por esta capacidad se descubren nuevos sentidos de lo real.

«Habitar poéticamente la Tierra» significa sentirla como algo vivo, evocativo, grandioso y mágico. La Tierra es paisajes, colores, olores, fascinación y misterio. ¿Cómo no extasiarse ante la majestad de la selva amazónica, con sus árboles cual manos tendidas hacia lo alto, con la maraña de sus lianas y enredaderas, con los sutiles matices de sus verdes, rojos y amarillos, con los trinos de las aves y la profusión de sus frutos? ¿Cómo no quedarse boquiabierto ante la inmensidad de las aguas que penetran lentamente en la espesura y descienden mansamente hasta el océano? ¿Cómo no sentirse lleno de temor reverencial al caminar horas y horas por la selva virgen, como varias veces me tocó hacerlo con Chico Mendes? ¿Cómo no sentirse pequeño, perdido, un bichito insignificante ante su incalculable biodiversidad?




Habitamos poéticamente el mundo cuando sentimos en la piel el frescor suave de la mañana, cuando padecemos bajo la canícula del sol de mediodía, cuando nos serenamos al atardecer, cuando nos invade el misterio de la oscuridad de la noche. Nos estremecemos, vibramos, nos llenamos de ternura y nos extasiamos ante la Tierra en su inagotable vitalidad, y al encontrarnos con la persona amada. Entonces vivimos el modo de ser poético.

Lamentablemente son ciegos y sordos y víctimas de la lobotomía del paradigma positivista moderno quienes ven la Tierra simplemente como un laboratorio de elementos físico-químicos, como un conglomerado inconexo de cosas yuxtapuestas. No, ella está viva, es Madre y Pachamama.

También habitamos la Tierra prosaicamente. La prosa recoge la cotidianidad y el día a día gris, hecho de tensiones familiares y sociales, como los horarios y los deberes profesionales, con discretas alegrías y tristezas disimuladas.
Pero lo prosaico también esconde valores inestimables.


Se descubren tras una larga estancia en un hospital, o cuando regresamos presurosos después de pasar penosos meses fuera de casa. Nada más suave que el sereno transcurrir de los horarios y de los quehaceres domésticos y profesionales. Nos da la sensación de una navegación tranquila por el mar de la vida.

Poesía y prosa conviven y se alternan de tiempo en tiempo. Tenemos que velar por lo poético y lo prosaico de nuestras vidas, pues ambos se complementan y ambos están amenazados de banalización.

La cultura de masas ha desnaturalizado lo poético. El ocio, que sería el momento de ruptura de lo prosaico, ha sido aprisionado por la cultura del entretenimiento que incita al exceso, al consumo de alcohol, de drogas y de sexo. Es una vivencia poética, pero domesticada, sin éxtasis; un disfrute sin encantamiento.

Lo prosaico ha sido trasformado en simple lucha darviniana por la supervivencia, extenuando a las personas con trabajos monótonos, sin esperanza de gozar del merecido ocio. Y cuando éste llega, resultan rehenes de quienes han pensado todo por ellas, organizan sus viajes y les fabrican experiencias inolvidables. Y lo consiguen. Pero como todo es artificialmente inducido, el efecto final es un doloroso vacío existencial. Y entonces les dan antidepresivos.

Saber vivir con levedad lo prosaico y con entusiasmo lo poético es indicativo de una vida plenamente humana.





sábado, 1 de mayo de 2010

Como las piedritas.




Si nos volvemos incapaces de crear un clima de belleza en el pequeño mundo a nuestro alrededor y sólo atendemos a las razones del trabajo, tantas veces deshumanizado y competitivo, ¿cómo podremos resistir?
La presencia del hombre se expresa en el arreglo de una mesa, en unos discos apilados, en un libro, en un juguete. El contacto con cualquier obra humana evoca en nosotros la vida del otro, deja huellas a su paso que nos inclinan a reconocerlo y a encontrarlo. Si vivimos como autómatas seremos ciegos a las huellas que los hombres nos van dejando, como las piedritas que tiraban Hansel y Gretel en la esperanza de ser encontrados...






Ernesto Sábato.




viernes, 30 de abril de 2010

TRES PASIONES




Hace un par de semanas prometí iniciar una sección de libros, lectura y escritores, allí aclaraba que “como todo lo escrito en “Usa el reflejo” el criterio de los textos seleccionados, sus autores y mis comentarios, será totalmente subjetivo, caprichoso, antojadizo e inesperado.”
Bueno, aquí viene el primer post sobre un libro que me marco fuertemente en mis jóvenes 18 años y hoy después de tanto tiempo lo vuelvo a leer y siento vigente la fuerza de estas tres pasiones que describe en su biografía el filósofo, matemático y escritor británico Bertrand Russell.( posiblemente el filósofo más influyente del siglo XX).
Russell fue un conocido pacifista. Estuvo en prisión dos veces, la primera conectada con sus actividades pacifistas durante la gran guerra y la segunda por participar en una manifestación contra la proliferación de armas nucleares.


Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar. Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos.

B:Russell



TRES PASIONES.

Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.




Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.







El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me
transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.


Bertrand Russell, Autobiografía

martes, 27 de abril de 2010

viejos son los trapos

¿Qué tienen en común el presidente de Uruguay, José Mújica y el cantante y poeta canadiense Leonard Cohen? A decir verdad casi nada, pero ambos demuestran que la vejez puede ser un momento muy fértil en la vida

Hace un par de semanas el presidente uruguayo José Mujica cumplió su primer mes de gobierno. Durante treinta agitados días el mandatario de 75 años de edad cumplió con una atareada agenda levantándose temprano a las 6 de la mañana y acostándose a altas horas de la noche, pudiendo así entablar reuniones y encuentros con empresarios, sindicalistas, militares, equipo de ministros, la oposición, presidentes de otos países, viajar al exterior, mantener su audición radial y un largo etcétera que más de un joven envidiaría por el vigor y entusiasmo con el que emprende cotidianamente sus actividades.

En una sociedad y en unos tiempos en que se escapa del paso del tiempo con cirugías estéticas y se idolatra la juventud como inalcanzable eternidad que se escurre a pesar de tan vanos como inútiles y ficticios camuflajes, la vejez esta totalmente desconsiderada, por no decir cruelmente abandonada por la ignorancia de nuestros prejuicios. Pero ahí están muchos viejos que demuestran, como Pepe Mujica, que si se lleva una existencia creativa inspirada por ideales, la vejez puede ser un periodo de gran productividad.


En el libro “La revolución de la inteligencia” su autor L.M.Machado enumera personas que han brindado a la humanidad “el mejor fruto de su trabajo después de los cincuenta, de los sesenta, de los setenta y aun más años de edad





Platón muere, en plena capacidad creadora, a los 80;
Leibniz, en igual forma, a los 70;
Y Kant, a los 80;
Y Bergson, a los 72;
Y Victor Hugo, a los 83;
Y Goethe, a los 83;
Y Verdi, a los 80;
Y Wagner, a los 70;
Y Matisse, a los 83;
Y Pasteur, a los 73;
Y Fleming, a los 74;

Y De Gaulle, a los 82;
Y Adenauer, a los 91
;
Y Churchill, a los 91;
Y Picasso, a los 91;
Y Casals, a los 96;




La capacidad intelectual no depende de los años. El genio es joven a cualquier edad. Franklin empieza a estudiar electricidad cuando ya había cumplido los cuarenta años. Gauguin llega a descubrir la pintura a la edad de treinta y cinco años, y Fra Angélico comienza a pintar a los cuarenta y seis. La edad más bien puede convertirse en una ventaja, porque a mayor edad, mayor experiencia; y a mayor experiencia, mayor diversidad de ideas relacionables. Por eso, si se fuera a determinar la edad promedio de las más grandes creaciones de la humanidad, tal vez estaría situada alrededor de los sesenta años.


Mirame Leonard...


Si hay industria donde se sobrevalore la juventud y menosprecie la vejez, probablemente sea el de la música y la moda, a pesar de que uno de los iconos del rock, los Rolling Stones, sean abuelos hace rato.

Pero es en precisamente ven el ámbito musical, donde el año pasado, un viejo de 75 añitos dio clases de talento, frescura, y de Arte con mayúsculas.



Me refiero a Leonard Cohen, que hacia años que no se presentaba en vivo, y aunque había decidido retirarse de los escenarios, tuvo que volver a las actuaciones en una maratónica gira, debido a que su manager lo estafo dejándolo en la ruina.

Muchos fans y críticos comentan en broma que el estafador se merece un monumento, porque es gracias a él que Cohen vuelve a escena realmente con un recital fuera de serie.

Tal es el entusiasmo que produce su regreso que un periodista de la Rolling Stone asegura que mas que un “recital” Cohen realiza "sesiones metafísicas" (cuando la canción casi no se diferencia de la poesía y roza los límites del sermón religioso, no puede llamarse simplemente "recital") es, más allá del dónde y el cuándo, divino.”

Cuando se sube a un escenario, cada vez que pone en práctica sus artilugios de prestidigitador profesional y sumerge a las audiencias, guiadas por la gravedad de su voz, en un sueño profundo, denso, cargado de simbolismos. Con ese poder hipnótico exacerbado por quince años de retiro monástico, el trovador canadiense, el poeta judío, el monje zen, decidió (por necesidad, sí, pero también por gusto) regresar con una gira mundial

Este recital o sesión metafísica, se puede ver en un DVD editado recientemente que recomiendo fervorosamente.

Alli podemos ver a el viejo, flaquísimo, consumido, sorprende con su actitud atlética: mientras entona con esa gravedad imposible, se agacha, se quiebra, se arrodilla, entra y sale de escena dando saltitos. "Me gusta saltar –dice–. No hago mucho ejercicio."

Cohen –siempre correcto pero también divertido agradece, finaliza el ritual y se esfuma ante esas dos mil víctimas de esa anestesia onírica, ahora tocadas por este hipnotizador, ahora tanto más hermosas. Y, hasta la vista, señor, amante, rabino, doctor. Adiós. No olvides tu maletín de muestras de vendedor de aventuras.

Escuchen esta canción donde el poeta habla de su vejez y las mujeres.



Debido a algunas canciones
en las que hable de su misterio,
Las mujeres han sido
Excepcionalmente amables
a mi vejez.
Ellas hacen un lugar secreto
en su ocupadas vidas
Y llevándome allí.
Se vuelven tan transparentes
en todos sus aspectos
Y dicen: "Mírame, Leonard
Mírame por última vez. "
entonces ellas se inclinan sobre la cama
y me cubren como a un bebe
que tiembla de frió, como a un bebe

y dicen: "Mírame, Leonard
Mírame por última vez. "




Leonard Cohen - Because Of
Cargado por




domingo, 25 de abril de 2010

A la escuela...





Hace años, un supervisor visitó una escuela primaria.
En su recorrido observó algo que le llamó poderosamente la atención: una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos estaban en desorden; el cuadro era caótico.
Decidió presentarse: - Permiso, soy el supervisor de turno… ¿algún problema? - Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos… No tengo láminas, el ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles…

El supervisor, que era un docente de alma, vio un corcho en el desordenado escritorio. Lo cogió y con aplomo se dirigió a los chicos: - ¿Qué es esto? - Un corcho señor… gritaron los alumnos sorprendidos
- Bien, ¿De dónde sale el corcho?
- De la botella señor. Lo coloca una máquina…, del alcornoque, de un árbol…. de la madera…, respondían animosos los niños.
- ¿Y qué se puede hacer con madera?, continuaba entusiasta el docente - Sillas…, una mesa…, un barco… - Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en la pizarra y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia argentina pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que nació allí? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar? Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc. La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida: - Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias.

Pasó el tiempo.
El supervisor volvió a la escuela y buscó a la maestra.
Estaba acurrucada detrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden…
- Señorita… ¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?
- Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que volvió. No encuentro el corcho ¿Dónde lo dejó?






¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser fruto de la educación.

Alejandro Dumas





Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación.

Mark Twain





Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela.

Albert Einstein





Los pájaros cantaron
al hacerse de día.
“Empieza de nuevo”,
oí que decían.
No pierdas el tiempo
Pensando en lo que ya pasó
o en lo que aún no ha pasado.

Suenan las campanas que todavía puedan sonar.
Olvida tu ofrenda perfecta.
en toda cosa hay una grieta,
es por ahí donde entra la luz.

LEONARD COHEN