miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cita Alquimica (para despedir lo viejo y recibir lo nuevo)




Cielo arriba,

cielo abajo,

estrellas arriba,

estrellas abajo.






Todo lo que está arriba

también está abajo,

Tómalo

¡Y alégrate!



domingo, 27 de diciembre de 2009

Esa vieja costumbre de sentir


Mario Benedetti escribio este texro en 1992 .


Hoy lo vuelvo a leer y lo siento mas actual que nunca.










Esa vieja costumbre de sentir



En las viejas décadas de este siglo revuelto han ocurrido relevantes hallazgos, mutaciones, rupturas, vaivenes. Cualquier interesado en el tema podría hacer la lista; yo también, pero no quiero cansar al lector con una nómina de señales que la prensa exhibe diariamente en sus titulares. Sin embargo, se han producido otras alteraciones, menos espectaculares, ya no entre poder y poder, o entre invasor e invadido, sino entre prójimo y prójimo. Como extraña derivación de tales reajustes, los sentimientos están pasando a la clandestinidad. La violencia como abrumadora propuesta de los medios audiovisuales; la desaforada obsesión del consumismo y la inescrupulosa persecución del sacrosanto status; el fundamentalismo del confort; la plaga universal de la corrupción; la represión ilegal, y la otra, la autorizada; la antigua brecha, hoy convertida en profundo abismo, entre acaudalados y menesterosos; todo ello conforma un azote colectivo que castiga las emociones, cuando no las expulsa, las exilia. Acorralados y escarnecidos, los sentimientos pasan a la clandestinidad. A veces hay que esconderse para ejercer o recibir la solidaridad.




Por otra parte, el virus antisentimental se ha transmitido a las artes y las letras. En más de un país pueden detectarse posturas de cierta crítica que no soporta la aparición o exteriorización del sentimiento. Poseedores de un recién incorporado scanner llamado Kundera, lo deslizan por los altozanos y planicies de cada nuevo libro o nueva canción o nuevo drama, y cuando tropiezan con algún sentimiento rezagado o que aún no ha pasado a la clandestinidad, se atropellan y no dan abasto para etiquetarlo como kitsch, palabra importada del alemán que significa cursi, vulgar, chabacano, de mal gusto, y otras linduras. A veces uno tiene la impresión de que algunos reseñadores culturales sólo están preparados para buscar y detectar lo kitsch (les parece demasiado vulgar decir vulgar).
No es que no estén capacitados para sentir, pero quizá se lo oculten a sí mismos para no morirse de vergüenza. Curiosamente, estos fanáticos de Bukowski, sus borracheras, sus eructos en televisión y su sexo explícito, suelen ignorar olímpicamente a Henry Miller, quien también se emborrachaba y fornicaba explícitamente, pero lograba meter todo eso en un clima de poesía, casi de misticismo, y así elevaba su realismo sucio avant- la-lettre a la categoría de arte universal.





En este hoy agobiante, la agresión al sentimiento comienza desde la infancia. Hace sesenta o setenta años, y antes aún, los niños leían a Verne, a Salgari, los más precoces a Dumas, pero también se entusiasmaban con un libro mucho más ingenuo, Core (Corazón), del italiano Edmondo de Amicis (1846-1908), a quien Benedetto Croce calificó de “non artista puro, ma scrittore moralista”. Es posible que ahora, resecos por mezquindades y laceraciones varias, juzguemos aquella obra como sensiblera, pero lo cierto es que en las infancias de varias generaciones cumplió una función no despreciable: enseñó a sentir. Aun considerando las blanduras y compunciones de “Il piccolo scrivano fiorentino”, “Sangue romagnolo” o “Dagli Appennini alle Ande” y otros relatos de Cuore, ¿no constituía aquel libro una “educación sentimental” menos desalmada que los monstruos extraterrestres, los pistoleros galácticos o las ametralladoras de rayos cósmicos, que hoy pueblan las jugueterías, los árboles navideños y las pesadillas infantiles?


La vieja historia, cuyo fin es enunciado con tanta soberbia por un reputado nipoyanqui, ¿quedará paralizada en este cruce de violencias? Mientras los politólogos intentan responder a esa interrogante, el sentimiento auténtico es desalojado por lo frívolo programado. Aunque los mass media y ciertas tiernas élites intelectuales que no se arriesgan a salir de su ghetto, incluyan el sentimiento en sus “listas negras”, el ser humano tuvo y sigue teniendo necesidad de sentir. Lo malo es que si la televisión sólo le brinda un simulacro de sentimientos, él (o más a menudo ella) igualmente se aferran a la pobre imitación. Tal vez fuera útil indagar, sin ánimo encuestador pero sí reflexivo, a qué se debe el actual éxito, en todo el orbe, de las telenovelas o culebrones. ¿No será que la gente se está aburriendo de guerras interplanetarias y trasplantes de cerebros asesinos, y aspira a que las imágenes y las peripecias de la pantallita familiar de algún modo apelen a sus sensaciones presentes y no a los improbables fulgores del siglo XXII? Ya que le son birladas las emociones de buena ley, el público se atiende a remedios mediocres, a efusiones de pacotilla.


Si el espectador antes se había conmovido, por ejemplo, con seriales españolas de excelente factura, como Fortunata y Jacinta o Los gozos y las sombras, ahora su vieja necesidad de sentir lo arrastra a hipnotizarse con Dallas, sin duda una bazofia, pero de técnica impecable.
Es obvio que en los seriales norteamericanas los pobres no existen.
Los pobres no sólo son indeseables en la realidad y en los presupuestos del Estado; lo son asimismo en la televisión. Aunque lo formulen desde una visión clasista, los británicos (verbigracia, Los de arriba y los de abajo) al menos no los ignoran totalmente. Entre los latinoamericanos, Brasil (que es el de mejor nivel profesional), hace sus equilibrios. Los mejores en este rubro quizá sean los australianos, que están produciendo seriales de indudable calidad artística y honesta proyección social. En cambio, en sus equivalentes norteamericanos (Dallas, Dinastía, Falcón Crest, etcétera), las pasiones, los crímenes, las escenas de cama, las gestas de la hipocresía, ocurren por lo general entre acaudaladas familias que generan su peculiar y suntuosa ley de la selva. La verdad es que, cuando las recibimos en el Tercer Mundo, resultan historias para ser contempladas desde lejos, nunca desde un palco proscenio sino desde el gallinero, puesto que tales dramas no nos involucran. Se trata de chismes y puteríos, pero de un remoto Walhalla. Aun así, puede ser francamente divertido presenciar cómo héroes y semihéroes, diosas y vicediosas, se traicionan y abofetean, se despanzurran o se inmolan, sin que, por otra parte, nada de ello signifique el final de la trama. ¿Acaso no aparecen, tras el boato de cada funeral, los cuantiosos legados, con sus cruentas batallas anexas, gracias a las cuales pueden prolongarse la expectativa y los consiguientes dividendos mundiales?




Ya no en la televisión sino en la vida monda y lironda, las hecatombes varias de estos años de delirio han generado nuevos prejuicios, xenofobias, discriminaciones, condenas. Haber luchado alguna vez (cercana o remota, poco importa) por la justicia y la distribución decente de la riqueza puede ser hoy una mancha en el currículo del más pintado.
Lo cierto es que los sentimientos son incómodos: no caben en la computadora, no pagan impuestos, no convocan multitudes y ya ni siquiera hacen goles. Por otro lado, la televisión enseña a sus mirones a aburrirse de los indigentes y a entretenerse con los espléndidos. Es claro que también los pobres se aburren de su pobreza. Un anónimo humorista uruguayo pergeñó hace poco un chiste tan macabro como verosímil: “El Uruguay no es un país subdesarrollado, sino en vías de subdesarrollo”. No obstante, antes de hundirse en ese subdesarrollo y en la insensibilidad programada desde el poder, la gente busca afanosamente volver a sentir. El sentimiento es una vieja costumbre y, en el fondo, el hombre y la mujer corrientes no se resignan a perderla.

Para el publicitario y congelante posmodernismo el sentimiento no cuenta; es apenas un insignificante rescoldo de romanticismo.

Es claro que para el posmodernismo son tantas las cosas que no cuentan, que el sentimiento es tan sólo un inmolado más. No obstante, en los países “en vías de desarrollo”, donde el fabuloso consumismo de los sectores privilegiados puede llegar a ser una insultante exhibición para aquellos hombres y mujeres que ni siquiera tienen seguros el techo o la comida, el sentimiento se aún un refugio, una cantera.

En un mundo donde, al decir del cardenal Roger Etchegaray, “el capitalismo se siente debilitado por su propia victoria y busca una ética como nunca lo ha hecho”, el sentimiento podría ir saliendo de sus catacumbas, ya que al capitalismo, por más esfuerzos que haga, le va a ser muy difícil encontrar una ética que nunca tuvo. En el pasado (después de Cristo, pero antes de Kundera) el sentimiento representó una fuerza vital, un sostén y un resguardo de la ética. Quizá hoy el sentimiento sólo pueda movilizarse a golpes de utopía. No estaría mal, después de todo. Las utopías, realizadas o no, pero siempre generosas y abiertas, han funcionado muchas veces como sistemas de circulación del sentimiento, y es obvio que el mundo en crisis necesita esa savia.


martes, 22 de diciembre de 2009

Regalo navideño.

Amigos/as:
Les pido que me sepan comprender, pero tengo cierta aversión hacia los chirimbolos y a las imágenes con nieves de utilería. Y ni hablar de cómo crujen mis oídos ante determinados cánticos, y mi sentido estético se descompone ante arbolitos recargado de firuletes luminosos y de obesos vestidos de rojo chillón etc.…

Por eso les pido, que tengan a bien no enviarme cadenas, ni postales referentes a “temas navideños” porque sinceramente no las leeré.

No creo en los festejos navideños promocionados por el Shopping, ni en los mensajes estereotipados de seudo felicidad, amor y paz que estimulan comprar más y mas…
Como bien dice un amigo: a nuestras obligaciones de ser felices, bondadosos, solidarios, entrañablemente familiares, alegres y divertidos, se une la más sagrada de todas, la de comprar.

Pero no se preocupen no daré una cháchara sobre la “orgía-consumista-que propicia-este-capitalismo-salvaje” blablabla….
No ofenderé vuestras inteligencias diciendo obviedades , ni tampoco quiero ser aguafiestas, por sobre todas las cosas porque realmente creo que la navidad merece ser celebrada pero desde otro lugar, desde otra actitud.

Siento que independientemente de las creencias religiosas que tengamos, la navidad puede ser vivida de manera universal como un tiempo de nacimiento. Por eso hoy me animo a dejarles como regalo navideño un poema de Allen Ginsberg (digamos que es un regalo al estilo( “usa el reflejo")


CANCION

La carga del mundo

es amor.

bajo el fardo

de soledad,

bajo el fardo

de insatisfacción


la carga

la carga que acarreamos

es amor.


¿Quién puede negarlo?

En sueños

toca el cuerpo,

en el pensamiento

construye un milagro,

en la imaginación

angustia

hasta nacer en lo humano-


del corazón se asoma

ardiendo con pureza

pues el fardo de la vida

es amor,


pero cargamos el peso

fatigosamente.

y así debemos reposar

en los brazos del amor.

al fin ,

debemos reposar

en los brazos del amor.


No hay reposo sin amor

no se duerme

sin sueños de amor-

Seas loco o frío

obsesionado con ángeles

o máquinas

el deseo final es amor


-no puede ser amargo

no puede negarse,

no puede impedirse

ni se lo niega :


-debe darse

para no volver

como el pensamiento.

se da en la soledad

con toda la excelencia

de su exceso.


Los cálidos cuerpos

brillan juntos

en la oscuridad,

la mano avanza

hacia el centro

de la carne,

la piel tiembla

de felicidad

y el alma viene

gozosa hasta el ojo.


sí, sí

eso es lo que

yo quise,

siempre quise,

siempre quise,

regresar

al cuerpo

con que nací.




viernes, 18 de diciembre de 2009

Versos de la memoria naif






Como un oleaje que besa la orilla

me acerque al perfil de tu sombra

tu te reíste de mi evidente timidez

yo para disimular festeje mi torpeza.


Los dos reímos :

Yo por haber quedado al descubierto.

Vos por darte cuenta de mi desconcierto

A partir de ese momento quedo claro

que solo nos quedaba ser sinceros.


Todo esto fue hace mucho tiempo

Pero sin embargo hoy al recordarlo

algo parecido a la ternura

siento que recorre mi cuerpo

y es en homenaje a tu recuerdo

que hoy garabateo estos versos .





Con el alma al aire

salimos a pasear

Los árboles estaban radiantes

Las ramas se estremecían

y nosotros con ellas.

Con humilde magia dijiste:

“aunque no sea navidad

hay luces de guirnaldas"

y yo no pude evitarlo:

me encandile una vez más




El perfume se instala insolente en tu cuerpo

y toda canción de serenata es innecesaria

Eje de regocijo y contemplación

el espejo suspira el reflejo de tu cuerpo girando

y el presente más absoluto impregna mis retinas.




Hay una música incesante en el aire

Y en ella se balancean mis pensamientos

Hay una danza en el centro del vacío

y es alli donde la alegría nos espera



martes, 15 de diciembre de 2009

Janis / Cohen






Son dos voces bien distintas pero ambas, cada una a su manera, me han acariciado el alma. Janis con su estremecedora pasión y Cohen con su desgarradora melancolía. Primero escuchemos a Janis:







Cuando canto me siento como enamorada. Es más que sexo. Es el punto en que dos personas llegan a eso que llaman amor por primera vez, multiplicado por todo el público. Es gigantesco.


En el escenario, le hago el amor a 25000 personas diferentes, luego me voy a casa sola.



Aquí estoy, amigo, para celebrar una fiesta, la mejor posible mientras viva en la tierra. Creo que ese es también tu deber.

Janis Joplin





Cuenta la leyenda que estas dos almas se cruzaron y el resultado es una hermosísima canción de Cohen llamada Chelsea Hotel-


Paolini Letamendía en una crónica nos cuenta que:

"Sin romanticismo alguno, la letra de la canción homenajea a Janis y su encuentro en el Chelsea Hotel.

Cohen cuenta que toma uno de los ascensores esperando encontrarse con Briggitte Bardot. Otras veces buscaba a Lily Marlene. Ninguna de las dos le hubiera prestado atención, pero el canadiense tuvo la suerte de encontrarse con Joplin. Según cuenta la historia, mientras subían en el ascensor Cohen le preguntó:

-¿Estás buscando a alguien?
-Sí, a Kris Kristofferson- respondió ella.
-Hoy estás de suerte. Yo soy Kris Kristofferson.

Obviamente, Janis se echó a reír. Ni Cohen tenía los ojos de Kristofferson, ni ella el cuerpo de la Bardot pero aquel par de patitos feos, que tanto han dado a la música, se conformaron el uno con el otro.

You told me again you preferred handsome men
But for me you would make an exception.
And clenching your fist for the ones like us
Who are oppressed by the figures of beauty,
You fixed yourself, you said, "well never mind,
We are ugly but we have the music.

Janis según sus propias palabras hacía el amor con «25.000 personas en el escenario y luego volvía a casa sola». Cohen aun no había empezado a componer y era todavía un novelista poco conocido. Ninguno estaba buscando al otro, pero el Chelsea Hotel los unió por una noche … "

La letra de la canción ha sido objeto de sarcasmos varios por aquellos cortos de imaginación que solo ven en ella lo que un critico musical estigmatizo al decir que “. Nunca una canción hizo tan célebre una mamada”.


Espíritus más sensibles como el del cantautor español Pedro Guerra han dicho respecto a esta canción:

Durante mucho tiempo, y quizá todavía hoy, pienso que esta sea una de las mejores letras de canción que se han escrito. Como nacidas desde el fondo mismo de las entrañas. Una declaración sin tapujos. Un sentimiento en estado puro. La sinceridad de la intimidad al desnudo.

Con ustedes el Sr LeonardCohen y la canción Chelsea Hotel.




El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males

"...Me dices que el silencio
está más cerca de la paz que los poemas.
Pero si te regalara el silencio
(porque yo sé lo que es el silencio)
me lo devolverías diciendo:
Esto no es el silencio,
es otro poema..."


Leonard Cohen

sábado, 12 de diciembre de 2009

Confesion / Pájaro azul




Confesión


Esperando a la muerte
como un gato
que quiere saltar sobre la
cama
compadezco mucho a mi mujer
ella tiene que ver este
tieso
blanco
cuerpo
moverse una vez, y después
quizá
de nuevo:
"¡Hank!"
Hank no quiere responder
no es mi muerte lo
que me preocupa, es mi mujer

sola con este
montón de
nada

quiero
hacerle saber
que aún después de
tantas noches
durmiendo
a su lado

hasta las inútiles
discusiones
fueron cosas
siempre espléndidas

y las difíciles
palabras
que siempre temí
decir
ahora pueden ser
dichas:

te
amo.



Charles Bukowski





Pájaro azul

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?





Los pájaros cantaron
al hacerse de día.
“Empieza de nuevo”,
oí que decían.
No pierdas el tiempo
Pensando en lo que ya pasó
o en lo que aún no ha pasado.

Suenan las campanas que todavía puedan sonar.
Olvida tu ofrenda perfecta.
en toda cosa hay una grieta,
es por ahí donde entra la luz.

LEONARD COHEN